En muchas ocasiones todos sentimos cómo luchan dentro de nosotros fuerzas antagónicas. Queremos amar y odiamos. Queremos dar y somos egoístas. Queremos trabajar y somos flojos. Queremos ser libres y nos esclavizamos. Queremos pero no queremos. Lo que sucede es que dentro de nuestra mente se mantienen en constante lucha las fuerzas de nuestro inconsciente.
Lamentablemente la mayoría de las veces en vez de permitir que sea nuestro consciente el que nos guíe hacia una perfecta resolución de nuestros problemas, dejamos que lo hagan nuestros impulsos, las fuerzas del inconsciente que hemos ido almacenando desde la niñez hasta ahora y que se manifiestan en forma de miedos, temores, hábitos, ideas fijas, etc. El problema es que al hacer esto estamos dejando de ser libres.

De niños vivimos protegidos por la autoridad de nuestros padres, profesores, instituciones, etc. Muchas personas al llegar a mayores no se atreven a asumir sus propias vidas con sus responsabilidades, prefieren seguir siendo niños porque es más cómodo. Pero es triste, porque no viven siendo ellos mismos. Nunca están a gusto, jamás se sienten bien.
La verdad es que hay que ser muy valiente para enfrentarse con el inconsciente. Es como un salto al vacío... pero es importante hacerlo. Cuando el "yo" consciente asuma toda la responsabilidad no podrá actuar por lo que le dijeron, sino por lo que él honestamente, sin condicionamientos externos, determine.
Adquirir esa independencia y libertad interior, libres de los condicionamientos de las diversas autoridades que hemos tenido en nuestra vida y libres también de los condicionamientos y exigencias de nuestro inconsciente, es una tarea ardua que no se consigue en un día, pero se puede lograr.
La aventura de ser libre es un riesgo duro, pero es la única manera de llegar a ser uno mismo y no estar constantemente atormentado por esa lucha interna antagónica. Sólo entonces los antagonismos internos desaparecerán, al igual que las inquietudes, los malestares y todas esas tristezas "sin saber por qué".
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