Una vez más te doy la bienvenida a este espacio. Ya hemos hecho nuestro primer ejercicio. Hiciste una pausa, miraste dentro de ti e identificaste cuáles son aquellos límites que te has auto-impuesto. Me imagino que puedes haber encontrado más de uno y eso te ha sorprendido o quizás te has sentido mal, triste o defraudada al tomar consciencia de ellos. ¡Pero no te deprimas! Lo que estás sintiendo es parte de este proceso, de este largo camino que TÚ has decidido empezar a recorrer para reencontrarte contigo misma. Estas abriendo los ojos a una nueva forma de vivir tu vida ¡más libre, más feliz, más plena! No te asustes, no des pie atrás porque no estás sola en esto, estoy acá para acompañarte si así lo deseas y necesitas.

Reflexionemos juntas. Todas las personas nacemos con la capacidad o el talento para hacer algo. Entonces ¿qué pasa con este talento a medida que nos hacemos mayores? ¿Lo perdemos o lo ocultamos? Nuestras capacidades o nuestro talento nunca se pierden. Lo que pasa es que al hacernos mayores vamos adquiriendo mayores responsabilidades también, nuestros tiempos se empiezan a acortar, los roles que debemos desempeñar a diario empiezan a aumentar y como consecuencia de ello nuestras capacidades y talentos empiezan a quedar de lado.
Además de la falta de tiempo, comenzamos a sentir miedos e inseguridades que también nos van limitando. ¡Ojo! El miedo es el mayor obstáculo a la hora de alcanzar una meta. Nos da miedo el fracaso, a no servir para nada, a no poder lograr nuestros objetivos. ¿Cuántas veces hemos dejado de hacer alguna cosa por miedo? “Nunca voy a aprender a usar un computador”, “No tengo talento para escribir un poema”, “No estoy en edad de aprender a bailar”, “No nací para vender”, “No es posible que pueda aprender el idioma inglés”, "No voy sola a comprar un vestido", "Nunca voy a poder trabajar"...
De aquí en adelante tendremos muy presente la idea de que cualquier adulto, cuyo coeficiente intelectual es normal, es capaz de aprender a hacer prácticamente cualquier cosa si se lo propone, y para ello sólo necesitará invertir tiempo, esfuerzo y vencer el miedo que lo paraliza.
Yo creo a ojos cerrados que podemos disfrutar de todo lo que el mundo nos ofrece para desarrollarnos como personas íntegras. Para eso tenemos que derribar nuestros límites auto-impuestos, luchar contra nuestros prejuicios, razones, puntos de vista, trabas, miedos, etc… ¡y ganar la pelea!
Imagina que tienes como objetivo trotar 3 vueltas a la manzana de tu casa. Si piensas que el límite es hacer las tres vueltas, amplía el límite y proponte hacer una vuelta más. Es posible que no llegues a dar la última vuelta completa, pero también es posible que trotes muchos más metros de los que hacías antes de ampliar el límite.
Estoy convencida de que tienes la capacidad y el talento para lograr lo que deseas, de poder cumplir tus sueños, de lograr tus metas, de ser feliz sintiéndote realizada como persona en todos los ámbitos de tu vida. Es hora de que vuelvas a tu situación inicial. Piensa en ti, define tus metas, coloca tus límites más allá y ponte a prueba. Quizás te sorprendas gratamente. ¡No olvides que una vez tú fuiste sol!
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