Ha llegado mi momento de pedir perdón. De pedirme perdón. Perdonarme desde el amor más profundo hacia mi propio ser. De liberar a mi corazón de conflictos, resentimientos, pensamientos negativos, enojos y heridas del pasado. De expulsar de mi vida a todo aquello que me hizo daño. De soltar las amarras que me atan al ayer. De liberarme de la culpa por los errores cometidos y de las culpas que otros desearon poner en mis hombros. De abandonar ideas erróneas que me alejan de lo que soy. De desechar viejos hábitos dañinos. De romper las cadenas que me esclavizan a mis miedos. De quitar la mala hierba de mi camino. Me perdono. El perdón me hará más fuerte. El perdón me hará más grande. Me permitiré vivir una vida colmada de amor y de paz. La lección ya está aprendida. Izaré las velas hacia mi destino. Mi corazón es libre. Me siento serena, feliz y agradecida.
"Sólo el hombre obstaculiza su felicidad, destruyendo lo que en realidad es, con pensamientos sobre lo que pudiera ser". John Dryden (Poeta, dramaturgo y crítico inglés). ¡Cuanta razón tiene esta frase! Sobre todo cuando pensamos en nuestro futuro, porque como no podemos predecir lo que puede suceder más adelante, nos angustiamos, y esa angustia nos bloquea. Lo ideal es que esto no suceda, para que podamos tomar buenas decisiones y estar bien preparados para enfrentar cualquier escenario que se nos presente. La clave para esto es hacer nuestras predicciones basándonos en nuestro conocimiento, en nuestras experiencias pasadas y en nuestra intuición, y así el hecho de pensar en el futuro no significará que la ansiedad nos paralice. Lo primero es que determines qué es lo que tienes que hacer. Define lo mejor que puedas la situación, el problema o el objetivo que quieres alcanzar. No dejes de lado tu intuición. Si no tienes un buen presentimiento, no lo pases por ...

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