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Mostrando las entradas etiquetadas como paciencia

¡Persevera!

No llores por haber perdido el sol, porque tus lágrimas no te permitirán ver las estrellas. No llores por  lo que ya pasó, porque no podrás disfrutar de lo que está pasando Aquí y Ahora. Si vives lamentándote, nunca podrás sonreír y tu tiempo se esfumará sin que te des cuenta, entre quejas que no te llevarán a ninguna parte. Tus deseos de vivir la vida deben ser más grandes que tus miedos y tus dudas. Si hoy tu corazón no tiene la respuesta que necesitas, espera con paciencia hasta mañana. No te desesperes. Confía en Dios. Respira profundamente. No te rindas por ningún motivo. No bajes los brazos ni te dejes llevar por la corriente. Sigue de pie aunque estés herido. Intenta sobreponerte al fracaso o a la enfermedad. Es duro hacerlo, pero vale la pena el esfuerzo. Tienes el potencial para lograrlo. Cree en ti y serás capaz de vencer a la adversidad. 

Paciencia: virtud cultivable

“Aprendemos la paciencia cuando esperamos el tiempo de las cosas que no es el de la ansiedad. La ansiedad es la falta de esta confianza mayor en la que descanso, mientras sé que lo que tenga que ocurrir, ocurrirá. No es dejar de hacer, es actuar sin obsesionarse por el resultado, sin la presión de nuestro imponernos sobre las cosas. Actuar sin ansiedad, desde un corazón puro, es nuestra entrega sagrada. Es la apertura del corazón que se da confiado a lo que es.” (Miguel Lagos) No es fácil ser paciente, sobre todo hoy, pues vivimos en un mundo donde se impone la rapidez, donde todo tiene que estar disponible de inmediato. Por ejemplo, no es exagerado decir que esperar por unos segundos frente al ascensor se vuelve insoportable o que nos enerva esperar que cargue una página en internet.  La paciencia es una virtud que cualquiera de nosotros puede cultivar con el tiempo. A largo plazo, el desarrollo de la paciencia requiere un cambio en la actitud hacia la vida, pero se puede...

Paciencia, paciencia

El cuento del bambú japonés No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se impacienta frente a la semilla sembrada, halándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, por favor!  Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que, un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.  Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡mas de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante los primeros...