miércoles, 2 de mayo de 2012

Un cuento sobre la fealdad y la belleza

El hada fea 
Pedro Pablo Sacristán

Había una vez una aprendiz de hada madrina, mágica y maravillosa, la más lista y amable de las hadas. Pero era también una hada muy fea, y por mucho que se esforzaba en mostrar sus muchas cualidades, parecía que todos estaban empeñados en que lo más importante de una hada tenía que ser su belleza. 

En la escuela de hadas no le hacían caso, y cada vez que volaba a una misión para ayudar a un niño o cualquier otra persona en apuros, antes de poder abrir la boca, ya la estaban chillando y gritando:

- ¡fea! ¡bicho!, ¡lárgate de aquí!.

Aunque pequeña, su magia era muy poderosa, y más de una vez había pensado hacer un encantamiento para volverse bella; pero luego pensaba en lo que le contaba su mamá de pequeña:

- tú eres como eres, con cada uno de tus granos y tus arrugas; y seguro que es así por alguna razón especial...

Pero un día, las brujas del país vecino arrasaron el país, haciendo prisioneras a todas las hadas y magos. Nuestra hada, poco antes de ser atacada, hechizó sus propios vestidos, y ayudada por su fea cara, se hizo pasar por bruja. 

Así, pudo seguirlas hasta su guarida, y una vez allí, con su magia preparó una gran fiesta para todas, adornando la cueva con murciélagos, sapos y arañas, y música de lobos aullando. 

Durante la fiesta, corrió a liberar a todas las hadas y magos, que con un gran hechizo consiguieron encerrar a todas las brujas en la montaña durante los siguientes 100 años.

Y durante esos 100 años, y muchos más, todos recordaron la valentía y la inteligencia del hada fea. Nunca más se volvió a considerar en aquel país la fealdad una desgracia, y cada vez que nacía alguien feo, todos se llenaban de alegría sabiendo que tendría grandes cosas por hacer.





Todas las personas tenemos la capacidad para lograr grandes cosas. Dentro de nosotros tenemos todo lo necesario para conseguirlas. Lo que importa no es la belleza exterior, sino la belleza que existe en nuestro interior. Acéptate y ámate por como eres. No debemos querer cambiar sólo por cómo nos vean los demás. 

¡Feliz miércoles!

6 comentarios:

  1. Qué bonito el cuento! La verdad es que yo me quedo con lo que dices al final, que no debemos querer cambiar solo por como nos vean los demás... Porque lo importante es cómo nos vemos nosotros. Lástima que a veces no sepamos ver la diferencia!
    besos!

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    1. Hola Bronte! Concuerdo contigo, a veces es difícil ver la diferencia, lo bueno es que volviendo a encontrarnos con nosotros mismos, volviendo a amarnos, es posible hacerlo perfectamente. Besos y gracias por tus opiniones!!!!

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  2. Espectacular Caro, se lo voy a leer a mis hijos, sos muy sabia amiga, besos!

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    1. Que bien María!!!! Esa es la idea, de que desde pequeños enseñemos a nuestros hijos a que se quieran y se acepten como son. Tenemos un rol súper importante en eso! Es una gran responsabilidad que tenemos como padres. Luego iré compartiendo más cuentos para ir variando. Hay unos textos preciosos y muy didácticos sobre Valores. Siempre a todos nos viene bien reflexionar sobre ellos, sobre todo en estos tiempos tan convulsionados. Recibe un gran abrazo linda!!

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  3. Me ha encantado este cuento.
    Se lo leeré a mis nietos, para que empiecen a descubrir que la belleza está en el interior y que el físico siempre es pasajero y anecdótico.
    Buena entrada, Carolina.
    Un abrazo grande.

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    1. Hola Juglar! Que grato tenerte por acá otra vez.
      Me alegra que te haya gustado el cuento. La verdad cuando lo publiqué pensé en lo que me cuentas. Compartirlos con nuestros hijos, sobrinos o nietos. Que importante es hablar con los niños desde muy pequeñitos sobre el quererse a si mismo, sobre todo lo que implica tener una buena autoestima y lo que significará en sus vidas. Recibe un cariñoso abrazo y gracias por estar cerquita!!

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